La
Vega 19 de marzo del 2018,
La
calma de la naturaleza que me rodea, el canto de los pájaros en los árboles y
el olor a leña quemándose en la estufa me hacen pensar en mis antepasados, en
aquellos indígenas que dominaron estas tierras, o no dominaron, convivieron en
esta hermosa tierra. Me pongo a pensar de donde proviene el odio y la
violencia, pues en la naturaleza no existen dichos sentimientos. En el instinto
de los animales no existen rastros de resentimientos, como lo tiene el hombre,
o violencia injustificada, pues la utilizan para la supervivencia, entonces me
pregunto, ¿será el odio y la violencia son propios del ser humano? O ¿el
desligue del hombre de la naturaleza hace que empiece a crear esos sentimientos
egoístas?
Estas
mismas preguntas las hago hoy en día para entender, ya no solo la naturaleza
que me rodea sino en el país en el que vivo, pues existe una violencia y un
odio que se transmite de generación en generación bloqueando el progresar al
país. Tenemos gobernantes poco humanos, que no entienden la evolución como la
fuerza grupal que quiere mejorar sus condiciones de vida para aprender de mejor
manera sobre la naturaleza; sino como el pensamiento egoísta de seguir viviendo
de los otros, esto se vuelve un virus que desune a las personas olvidando el
poder de creer en un cambio.
Así
es la Colombia actual, desde la conquista de los españoles hemos perdido cada
vez más nuestro vínculo con la naturaleza, volviéndonos más racionales y menos
espirituales; destruyendo en vez de construir; peleando en vez de compartir,
este egoísmo esta consumiendo estas hermosas tierras poco a poco, dejando más y
más odio, todo por obtener un billete que nos haga sentir superiores a otros.
Poder,
antes se consideraba como algo místico que tenía una persona, pero actualmente
es quien tenga más dinero o quien sea el más “avispado” en persuadir otras
personas. El colombiano actual se enorgullece de dichos valores, la persona que
logre robar o engañar a alguien más es considerado un triunfador, mientras que
las personas que hacen lo correctos son considerados perdedores de está
sociedad. Así ha crecido una Colombia que ha sido maltratada, ultrajada y
violada por sus mismos habitantes que se quejan de su situación actual sin
proponer algo para mejorar dicha vida.
Algo
interesante que aprendimos de nuestros antepasados fueron los relatos verbales,
oímos hablar a muchas personas quejándose de la situación de pobreza y odio que
tiene el país, echando culpas aquí y allá. Unas de estas personas se quejan
siendo ellos mismos parte del problema de odio y corrupción, a pequeña escala,
del país. Hay otros que se molestan y critican, pero siguen votando por los
mismos gobernantes que han creado tantas guerras y desunión en el país. Por
últimos, están los que tergiversan las palabras, pues aprovechan la ignorancia y
la falta de lectura analítica de las personas, inventan historias o miedos para
su propio beneficio polarizando aún más el país.
El
país está tan polarizado que las personas realmente han perdido la confianza en
la palabra de los hombres, enfermándose con este virus egoísta. El miedo injustificado
que se ha creado en el “desarrollo” de nuestro país hace que este egoísmo cree
una perspectiva de supervivencia, en la cual el hombre se vuelve creador de su
propio miedo tomando decisiones que afecta de manera muy negativa su alrededor,
y como principio del Karma, esas decisiones terminan afectando de la misma
manera a la persona. Las personas les da miedo crear o cambiar, pues sienten
que realmente el país quedará estático, los mismo gobernarán y los mismo sufrirán,
y se hará realidad el famoso dicho “nací pobre viviré pobre y moriré pobre”.
Este
es uno de los mayores problemas para el desarrollo y el emprendimiento, pues ¿qué
persona se arriesgaría a crear algo nuevo en un país dónde hay demasiada desconfianza,
corrupción, miedo y cantidad de barreras para generar cambios? Pues de estos
locos hay muchos, yo me considero uno de ellos, pues hemos entendido que si
realmente queremos un cambio debemos ir más allá de nuestro egoísmo e
individualidad; de este modo, podremos llevar a otras personas a una mejor
calidad de vida, a volver a crear estas conexiones espirituales entre las personas
y direccionar nuestro país a su gloriosa naturaleza de prevalecer frente las
dificultades, de luchar contra el virus del egoísmo y el odio, solo nosotros
somos capaz de dejar atrás todo resentimiento y de verdaderamente progresar.
No
debemos dejarnos guiar por el odio o desacuerdos, siempre habrá ideas
diferentes a las mías o a las tuyas, lo que tienes que hacer es escuchar y
intentar hacer que las ideas converjan y no que una de ellas destruya a la otra.
Tu y yo somos miembros de este gran país y juntos lograremos sacarlo adelante con
ideas incluyentes y sin miedos o desinformación. Ya no debemos ser los más
avispados actuando por nuestra cuenta, ahora es tiempo de unirnos como una gran
colmena y hacer valer nuestros derechos para así sacar a adelante a este país,
pues esta carta para ti hasta ahora empezó.
Dime
tú ¿Qué haremos para cambiar nuestro país para bien?
Atentamente,
Alejandro
Fonseca